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sábado, 15 de mayo de 2010

Disfrutando de los pequeños placeres de la vida


PLACER NÚMERO 2
: CENAR EN EL SHUNKA



Cena en el Shunka, sin duda, junto con su hermano Koy Shunka, los mejores restaurantes japoneses en los que he comido. Estas son un par de fotos que saque de dos de los platos que comimos.


COCOCHAS DE MERLUZA CON SALSA DE CIRUELAS






YAKISOBA

Si vais por Barcelona no os podeís perder el placer de comer en uno de los dos. El Shunka más casero y barato. El Koy Shunka mezcla la cocina más moderna con los tradicionales sabores de Japón.

Sin duda, uno de mis placeres.

lunes, 5 de abril de 2010

¿Que le pasa al amor que llora cuando ve un corazón gangrenado?
¿Qué le pasa a mi corazón que ya no se mueve por encontrar el amor?

domingo, 4 de abril de 2010

domingo, 21 de febrero de 2010

Esperando al Otoño


A los 8 años ya filosofaba acerca de lo que me depararía la vida. Quiénes somos, a dónde vamos, de dónde venimos… son preguntas demasiado existenciales para una mente tan pequeña. En forma de poema sentencié que el destino me enseñaría el camino a su debido tiempo.

Caminé y caminé durante 16 años por calles estrechas y lúgubres de la vida, pero ya me cansé; me senté a esperar la llegada del destino y no me pienso mover; el me encontrará, 


¡sabe donde estoy! 

domingo, 22 de noviembre de 2009

Little Mermaid

Bruno y la sirena.


Érase una vez, un niño, Bruno, que todas las noches le pedía a su madre que le leyera un cuento de sirenas. Aguardaba impaciente durante todo el día la hora de irse a la cama para escuchar aquel relato que le hacía tener vivo y presente su sueño de conocer una. 

 

El niño fue creciendo y, aunque su madre ya no le leía cuentos de sirenas, él quería seguir pensando que algún día conocería a ese ser mágico con el que todas las noches aspiraba soñar. 

 

Cuando se hizo adulto, un día de lluvia, mientras Bruno volvía a su casa del trabajo, se tropezó con una chica, con un brillo especial en su mirada, que corría apresuradamente como si tuviera miedo de la lluvia. De repente, la chica, del propio nerviosismo, pisó un charco y en tan solo 2 segundos vio convertidas sus preciosas piernas en una deslumbrante cola de sirena. 

 

Bruno no se lo podía creer, lo que tanto tiempo llevaba soñando estaba delante de sus ojos, y sintió temor  al comprobar que su deseo se había hecho realidad, así, en vez de acercarse a ella y ayudarla salió corriendo y no paró hasta llegar a casa. 

 

Cuando se secó de la lluvia, se dio cuenta de lo que acababa de perder, su fantasía. En ese momento, echó a correr en busca de la chica pero ya era demasiado tarde, había desaparecido, no estaba, lo único que quedaba al lado del charco fue una escama turquesa del mismo color que su cola. 

 

Ese día Bruno aprendió que no sirve de nada tener sueños si luego te asustas de ellos y no sabes hacerlos realidad.